miércoles, 2 de noviembre de 2011

Contagio


Hace tres años sucedió un suicidio. Una mujer de 40 años de edad que trabajaba en un laboratorio privado decidió quitarse la vida, según una carta que dejó, por un mal experimento en el cual le hizo algo malo a un hombre. La carta era confusa, cuando la encontré estaba manchada con sustancias químicas y no pude descifrar mucho. Investigué durante un año qué fue lo que hizo, pero no encontré respuestas. Entonces dejé a un lado esa investigación.
Tres años después, se me presentó una situación muy extraña: se encontraron dos chicos al costado de un río, los cuales estaban muertos y sin sus órganos, totalmente vacíos. Investigué y aparecieron personas que dijeron haber visto a un chico que los dejó tirados allí. Ese chico, según esas personas, sufría una deformidad, era algo anormal. A la semana siguiente, aparecieron dos cuerpos más al lado del río. Esto se volvía algo consecutivo, así que decidí estar cerca del río esa semana. Fui y pude ver un camión que dejaba los cuerpos, entonces lo seguí.
Llegué a un lugar parecido a una cueva o algo por el estilo, entré cuidadosamente, pero un chico me atacó y quedé inconsciente. Al despertar, el muchacho no estaba. Luego encontré fotos de una mujer y un monstruo. El que me atacó definitivamente no era normal. A la mujer de la foto la había visto, era la chica del laboratorio y, seguramente, experimentó con aquel hombre que parece era su hijo. Lo busqué y lo encontré. Lo llevé a analizar y junto con un equipo de científicos estudiamos lo que tenía. No pudimos averiguarlo al principio pero resultó que sufría una enfermedad, su madre lo trato de curar y lo transformó en un monstruo. 
Él murió y luego comenzó a suceder algo. Empecé a sentir dolores muy fuertes, me analizaron y descubrieron que tenía lo mismo que aquel chico. Si esto era contagioso, no creo haber sido el único que estuvo en contacto con él, por lo que la enfermedad podía propagarse por todo el mundo. Los científicos buscaron y siguen buscando la cura, para el bien de la humanidad.

Alumna: Jennifer Kozlowski

La extinción


En el año 2059 un grupo de científicos quería desarrollar robots capaces de hacer todas las tareas de los humanos.
Uno de los científicos estaba loco y durante la creación de los robots  pidió a su ayudante que lo matara, que le extraiga su cerebro y lo colocara en un robot.
El robot con el cerebro del científico vivió, gracias a la inteligencia de los científicos. Al principio el robot obedecía todo lo que le decían, hasta que el cerebro reaccionó. El robot se volvió loco y mató a todos los científicos quitándoles los cerebros y colocándolos en frascos. Él creó más robots e implantó los cerebros de los científicos en ellos.
Ellos eran inteligentes como los científicos, pero eran controlados por el robot maniático. Éste les ordenó matar a todos los humanos y torturarlos quitándoles los cerebros. Así, en toda la tierra no se encontraba ningún humano, sólo robots.

Alumnos: Agustín Jofré y Javier López

El ataque extraterrestre


En el año 2871 la humanidad sufrió un ataque alienígena que dejó casi extinto a los humanos, porque sobrevivió un grupo de soldados que estaban en alta mar y los alienígenas atacaron solamente los continentes. Los soldados al llegar a tierra se cruzaron con una nave que patrullaba por la zona. Los soldados tras la lucha con el platillo se refugió y escuchó en una radio todo lo sucedido. El capitán reorganizó la tropa y tuvo un plan: esperar una semana dando señales para reclutar sobrevivientes.
  Al pasar una semana, los soldados habían ido en reconocimiento por la ciudad de Nueva York recogiendo autos, comida, agua y armas. En esa semana se reclutaron nuevas personas, un policía, un médico y un mecánico. El plan siguiente del capitán fue tener más detalles de lo que sucedía, así que tenían que viajar hacia El Pentágono. El mecánico los ayudó y reparó una camioneta.
  Fueron largos días de viajes, pero llegaron y entraron al Pentágono sin ningún problema, ya que todos fueron vaporizados. Entraron a los archivos y vieron que los alienígenas sólo estaban en ciertos lugares: Los Ángeles, Londres, Paris y en Ottawa; también se enteraron que desde esos puntos lanzaron sus rayos vaporizadores y mataron a todos.
  Tenían un solo plan: atacar los puntos en donde se encontraban los alienígenas, pero con aviones estrellándose en esos puntos. Cuatro soldados dieron su vida y explotaron las armas que tiraban los rayos con los aviones estrellándolos ahí. Los alienígenas escaparon debido a que luego de eso al capitán se le ocurriera atacarlos, y como no tenían armas, los alienígenas escaparon.

Alumno: Cristian Aguilar

domingo, 16 de octubre de 2011

¿Soy el único?

Transcurría el año 2015 y se había desatado una guerra cruel por un poco de agua dulce.
Los países de Europa, América del Norte estaban desesperados. Se habían creado con los años armas químicas, nucleares, y lo que no te imaginas. Yo pertenecía a un grupo de elite que consistía en la reclusión de convictos, que habían cometido todo tipo de delitos y algunos sin escrúpulos.
 Muchos de ellos habían quedado en el camino.
 Yo sabía de las armas que se iban a utilizar y las que estaban creando, porque fui uno de los tantos químicos que trabajó en esos laboratorios creando armas.
 Pasado el tiempo, un día llegamos a Buenos Aires, nuestro último objetivo por conquistar, y sacar el agua dulce. Ya cansado de tanto desastre, una noche lluviosa y fría ante el descuido de mis compañeros y superiores, me escapé del campamento. Viajé unos días como pude y así fue que llegué al sur, más exactamente a la Patagonia.
 Una viejita muy humilde, pero servicial, me brindó un lugar donde descansar y comer.
 Pasado unos días, fuimos conociéndonos más  y fue ahí, entonces, que me metió en el refugio antibombas.
 De pronto una noche se escucharon tiros, estallidos y, ante la desesperación, me refugié en el bunker sin percatarme que la señora no me había seguido. Transcurrido un tiempo, salí y vi todo devastado. Fue ahí que me dije: ¿seré el único que quedó con vida?


Alumnos: Juan Manuel Gaspar y Julián Rodríguez

La cura perfecta

Se dice que en 1975 los humanos crearon máquinas, máquinas de todo tipo, desde radios y televisores hasta los más avanzados robots recientemente creados. Lo sé, suena muy raro, pero éramos muy civilizados...
Provenía de una familia pobre, mis familiares también fueron pobres igual que yo, hasta que encontré la solución a una enfermedad mundial: el cáncer.
Se decía que en 1975 miles de personas en el mundo morían por cáncer y nadie, excepto yo, jamás encontró una cura a dicha enfermedad.
Todo empezó cuando mi querida abuelita contrajo cáncer de mama. Lograron detenerlo por algunos días pero luego, la enfermedad volvió a afectarla. Yo tenía sólo ocho años, por lo cual, sólo podría verla morir.
Fue muy triste para mí ya que fue ella quien me crió, cuidó y alimentó y, desde ese momento, ya no quise más muertes de nadie provocadas por ningún tipo de cáncer.
Me gradué de Técnica Química en el año 1987 y, a tan sólo mis 20 años de edad, formé parte del mejor grupo de técnico-químicos en el mundo.
Buscamos por cinco años la cura, hasta que finalmente la encontré, y me di cuenta que estaba bajo nuestras narices.
Siempre creí que las famosas hierbas curativas de verdad funcionan, y fue todo tan sencillo... Simplemente mezclamos esas hierbas, sólo las mejores, y le agregamos un poco de miel natural de abejas. Finalmente así logramos hacer la cura perfecta: una crema con los ingredientes recién nombrados, y para que funcione hay que aplicarla sobre la zona afectada y masajear suavemente. Y simplemente así el cáncer desaparece...
Actualmente soy una de las ocho personas más ricas e inteligentes del mundo, pero lo que más me enorgullece es que salvé la vida de millones de personas.

Alumna: Jazmín Civile